La araña cangrejo (Misumena vatia)

La primera vez que me crucé con una araña cangrejo, me quedaba fascinado por el seguimiento de mí que hacía en lo que yo creía que era, de aquellas, un intento por defenderse. Inmóvil, con esa posición encarada, con las cuatro patas delanteras en alto y una pose descaradamente amenazante; me recordaba a ese niñato engreído que se enfrenta a su madre, sabiéndose ganador más por su actitud y por el perdón de su oponente que por su propio tamaño.

Pero no se tarda demasiado en ver que realmente es un arácnido tímido y bastante miedoso. Su posición, lejos de ser amenazante es una táctica de caza. La araña cangrejo (Misumena  vatia) no teje una tela para atrapar a sus presas, sino que se encarama a una flor y espera inmóvil a que un insecto atraído por el polen, aterrice a su alcance; momento en el que aprovecha para atraparlo con sus patas delanteras (desproporcionadamente grandes en comparación con las 4 traseras) inyectando una pequeña dosis de veneno que deja a su victima sin ninguna posibilidad. Además de su inmensa paciencia (se puede pasar días en una misma flor esperando su presa) la araña cangrejo se esconde con facilidad ya que adopta el color de la flor donde caza, pudiendo pasar de los tonos amarillo-verdosos a blanco con bastante facilidad.

Aunque no lo parezca, las arañas no es que sean mis «bichos» favoritos, pero reconozco que dentro de lo que se puede encontrar en un prao, la Misumena me parece de las más vistosas y fotogénicas (especialmente la blanca). Si a esto, le sumamos la forma en la que se alimenta, me parece una de las arañas más interesantes que podemos encontrar con bastante facilidad.

 

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